miércoles, 8 de abril de 2009


-quiero beberte hasta dejarte con sed-

Moisés Azaña Ortega

Barbas al limbo

1) Ya es hora de afeitarse, de cortarse el cabello, de acicalarse, de aparentar —mínimamente— ser persona, no el estropajo y desgreñado ser que tengo como tapa alma.

2) La barba y el bigote no han sido rasurados desde el día en que un amigo me ofreció trabajo que a él también le ofrecieron en enero. Y luego de preguntarle si podía presentarme tal como estaba, me aconsejó que por lo menos me afeite.

3) Antes de que dolorosamente pase el gillette por mi rostro, sostuve durante varios segundos el espejo y traté de fotografiar en la memoria la mueca y los gestos extraños que producía con el crecido bigote y la abultada barba. Mirándome, tratando de perpetuar la imagen preafeite, observando ese bigote que han rosado labios sin ninguna queja, procedí a cortar con tijera hasta dejarlos cortos para que no dificulte luego la maniobra de la que todavía no era ni soy experto debido a las pocas afeitadas que en mi vida ha cursado mi faz.

4) Parecía otro, no era yo, faltaba esa facha prehistórica que solía lucir, me sentí extraño, y noté en el espejo que el nuevo rostro con que nací después de rasurarme también se sorprendió y me miró extrañado. Matar al bigote y a la barba fue matarme a mí.

Moisés Azaña Ortega