lunes, 3 de noviembre de 2008

LAS CÓLERAS DE AQUILES



Aquiles tiene dos cóleras, la primera tras el rapto a Briseida. Y, la segunda, tras la muerte de Patroclo. Postulo que la primera es puro capricho, y la de Patroclo verdadera y origen del cambio.

Tras el rapto de Briseida, que iba a ser su mujer legítima, no despierta en Aquiles la cólera como tal, sino como un mero capricho alterado por el orgullo y la soberbia, llevando sus quejas a su madre Tetis para que lo vengue.

En cambio, cuando su amado Patroclo muere, vestido con la armadura que él le prestara para que solo asustara a los teucros, recién germina la verdadera cólera del héroe de la Ilíada.

Es la muerte de Patroclo, el fiel compañero a quien aprecia sobre todos los compañeros y tanto como a su propia cabeza, o más, que origina el giro destemplado en la obra. Allí Aquiles deja la cólera aparente, la del capricho, y despierta desde lo hondo la cólera en sí, descargada en un grito tremebundo y su regreso a la batalla.

No obstante de los cantos XIX al XXIV, no están los acontecimientos descritos líneas atrás, sino que, después de que Hefesto haga la nueva armadura (canto XVIII) "una coraza más reluciente que el resplandor del fuego; un sólido casco, hermoso, labrado, de áurea cimera que a sus sienes se adaptara y unas grebas de dúctil estaño" solicitada por Tetis, Aquiles vuelve a la batalla, despertando de su largo sopor de soberbia; entonces los teucros regresan a refugiarse en Troya despavoridos por la presencia del hijo de Peleo. A Héctor (quién iba a imaginarlo) se le ve dando vuelta tras vuelta huyendo de Aquiles hasta que, engañado por Atenea en efigie de Deífobo, se presta a luchar contra el rey de los mirmidones y muere, después de ser atravesado con la punta de la pica, por el delicado cuello asomándose a la nuca, y cae en el polvo.


Llora Príamo, llora Hécuba, llora Andrómaca… lloran todos en Troya hasta desgarrarse los cabellos. El príncipe Héctor ha muerto y Troya puede ser derrotada. Se sabe que la Ilíada termina en los funerales de Héctor, lo que no sabían los troyanos es que después vendría Eneas a construir Roma como la nueva Troya  y así dejarnos a nosotros, los latinos, como sucesores de que algún día tendríamos que reescribir nuestro presente para cambiar nuestro pasado.

Setiembre de 2008

AZAÑA ORTEGA, 
Moisés