miércoles, 8 de octubre de 2008

ADVERTENCIA

Poseer anteojos por miopía es lo peor que te puede ocurrir. ¿Por qué? Ahí va:

1. No faltan los cojudos que te piden tus anteojos «un ratito nomás». ¡Qué espesos!

2. En casa ajena. Te sirven un café calientito: todo el humo opaca las lunas, y tienes que esperar luengos segundos para que la normalidad se instale en tus ojos.

3. Llovizna en Lima —lástima que los anteojos no tengan parabrisas—: obstaculiza tu visión, procedes a sacar el trapito, papel higiénico, tu polo o lo que sea, para secarlos cada minuto.

4. Estás en la universidad. Cada vez que te quieres lavar, o simplemente mojar el rostro, estás obligado a quitártelos.

5. Estás sumamente apurado. Solo hay tiempo para cambiarte de polo, pero antes debes quitarte los anteojos, y una vez puesto el polo, volvértelos a poner.

6. Si eres desordenado, mejor no tenerlos. Cita para ir al cine. «Estoy seguro que los dejé aquí». Cuando lo has encontrado, ya es tarde. Perdiste la cita, y más.

7. Una joven atractiva sube en dirección a la biblioteca. Con el solo movimiento de pupilas el que no los utiliza puede inclinar la mirada hacia arriba, pero el que los usa ha de mover, además de los ojos, la cabeza entera dependiendo el ángulo de inclinación, un movimiento maquinal, vergonzoso. Alzas la cabeza, arriba más arriba, para mirarla y ella —qué casualidad— gira también la cabeza: ve aquella cara de estúpido que en ti ha permutado tras girar de tal modo.


8. Es verano. Una ducha diaria es poco, pero cada vez que te quieres bañar has de quitártelos.

9. Cuando estás besando si solo uno los usa, es posible dar uno melifluo sin incomodidad. El problema es cuando ambos lo utilizan. Están besándose y los benditos anteojos se chocan y ese sonido irrumpe el retozo de lenguas.

10. Menos mal que hoy el uso de anteojos cada vez es más común, sino sería más fácil fregar a los sujetos que los utilizan. Hoy la joda es disimulada, solapa te dicen «ahora tienes pinta de intelectual
», que en verdad quiere decir «ahora tienes cara de cojudo».

La yapa:
11. Llegas a tu casa, sea después del trabajo, después de estudiar, después de pasear... cansado, hasta las patas, sin fuerzas ni para comer; lo primero que apeteces es tirarte a descansar, como caigas. Pero lo primero que necesitas hacer to-dos-los-dí-as, obligatoriamente, es quitarte los anteojos, y al levantarte, volvértelos a poner. (Yo varias veces me he olvidado quitármelos, por ello mi anteojos se ponen chuecos o se rompen. No me pregunten ya cuántos he tenido que mandarlos a arreglar o cuántos nuevos he tenido que comprarme. Y tampoco pregunten lo aparatoso que podría resultar si llegas a un cuarto ajeno con tu pareja).

Estos solo han sido algunos motivos por los cuales hay que evitar utilizarlos como sea, son muchos más, la lista es larga.

AZAÑA ORTEGA, 
Moisés